Nació en Senigallia, Italia, en 1925. Su padre murió cuando el niño tenía 9 años. A los 13 años se convirtió en aprendiz de tipógrafo. A esa edad pintaba, escribía poesía y se inspiraba con las películas de Fellini. Aprendió fotografía de manera autodidacta; para fortuna del joven, el fotógrafo Giuseppe Cavalli se mudó a Senigallia, donde formó el grupo Misa (1953) y Giacomelli se convirtió en tesorero.
Durante la posguerra Mario se inspiraría en el cine neorrealista italiano de Vittorio De Sica o Roberto Rossellini
Giacomelli se unió al grupo La Bussola en 1956 y a la agencia ANSA. Usaba una cámara Kobell Press y comenzó a ganar premios. Su estilo temprano estaba relacionado con la llamada “fotografía comprometida”.
Realiza paisajes de ángulos inusuales, muy en la línea de Aaron Siskind. A lo largo de su carrera prefirió siempre los contrastes acentuados que se oponían a los tonos suaves de Giuseppe Cavalli .
En Giacomelli, las notas distintivas se encuentran en los altos contraste, los barridos y la fotografía de personas, plena de textura parece ser un antecedente a la fotografía de la revista japonesa //Provoke// o el estilo duro y contrastado de William Klein. Es un fotógrafo de la vida diaria y la figura humana con una perspectiva distinta, menos humorística y dulce que el humanismo francés, también de la posguerra.
Aunque Giacomelli trabajó también en Etiopía y el Tibet, su trabajo fundamental se encuentra en las áreas rurales de Italia, sencillas y poco apreciadas, donde vivía.
Una de sus fotos más famosas fue El niño Scanno que hizo Giacomelli en la región de Abruzzi, una imagen de contrastes: el niño estático en medio de otras personas barridas, la infancia contrapuesta a la vejez… Fue una imagen alabada por John Szarkowski, Director de Fotografía en el MoMA de Nueva York.
Sin embargo, el grueso de su trabajo no era la foto individual, sino series como Ospizio, La Buona Terra, Catamaggio, Pasquella, por mencionar solamente algunas. Dejó en cinco décadas más de una treintena de series fotográficas. Quizá sus dos series más conocidas sean Paisaggi (1954-2000) y Io non ho mani che mi accarezzino il volto también conocida como I Pretini (1962-1963)
I Pretini (los pequeños sacerdotes) fue realizada con un grupo de jóvenes seminaristas con quienes Giacomelli pasó un año documentando aquella vida de aislamiento. El fotógrafo no acababa de encontrar cómo contar la historia que quería hasta que, un día, nevó y los chicos salieron a jugar con la nieve. El agudo contraste de la nieve con la ropa negra era lo que necesitaba Giacomelli quien, finalmente, pudo realizar esta serie que se ha convertido en uno de sus trabajos más emblemáticos.[3]
Giacomelli expuso su fotografía junto a las del inglés Bill Brandt; publicó solamente un libro: Mario Giacomeilli, Fotografe editado por Angelo Schwarz aunque hoy se han editado más libros como Untitled 32: Mario Giacomelli (Friends of Photography, 1983); Mario Giacomelli Evoking Shadow (Parole Di Charta, 2002) o Giacomelli: The Interior Shape (Charta, 2001).
A mediados de la década de 1980 comenzaron a escribir sobre su obra Petr Tausk, Jean-Claude Lemagny, Claudio Adorni y Mark Haworth-Boot, entre otros. Sandro Genovali escribió sobre Mario Giacomelli: “Él no quiere documentar la realidad: busca transformarla.”
Mario Giacomelli murió por complicaciones derivadas del cáncer en diciembre de 2000 a los 75 años.

Fotografías de Mario Giacomelli en este enlace.